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Prueba este candado antirobos que hace vomitar a los ladrones

Prueba este candado antirobos que hace vomitar a los ladrones

Que te roben la bicicleta es una de las peores experiencias que puedes sufrir como ciclista. Y, por desgracia, es más común de lo que nos gustaría, tanto en zonas urbanas como en rutas o puntos de parada habituales. Ya se trate de bicicletas de montaña o de bicicletas de carretera, los ladrones no hacen distinciones: si es valiosa y está mal protegida, es un blanco fácil.

Por eso, muchos ciclistas invierten cada vez más en sistemas de seguridad, candados resistentes y métodos disuasorios. Pero la realidad es que, a pesar de extremar las precauciones, los robos siguen sucediendo. Y esto afecta tanto a quien aparca su MTB mientras descansa en una ruta, como al que deja su bicicleta de carretera en una estación o en la puerta del trabajo.

Frente a este problema, una empresa de California ha querido ir un paso más allá y ha desarrollado un candado que no solo intenta evitar el robo, sino que literalmente ataca al ladrón. Se llama SkunkLock y tiene un funcionamiento muy particular: al intentar cortarlo, libera un gas químico a presión que provoca vómitos y dificultad para respirar en quien lo manipule. Es un sistema pensado para disuadir de forma inmediata, incluso antes de que el ladrón llegue a tocar tu bicicleta.

El gas está aislado en una cámara interna y solo se activa en caso de ataque al candado, por lo que su uso es completamente seguro para el propietario. Este tipo de soluciones son cada vez más necesarias, sobre todo cuando hablamos de bicicletas de alto valor, ya sean bicicletas de montaña de gama alta o bicicletas de carretera con componentes electrónicos.

En un contexto donde el robo de bicicletas sigue siendo un problema constante, innovaciones como esta suponen un paso interesante en la protección de nuestro material ciclista. Porque al final, para quienes vivimos con pasión el ciclismo, la bici no es solo un medio de transporte: es parte de nuestra vida.

El candado mofeta

SkunkLock ha sido concebido y creado por Daniel Idzkowski e Yves Perrenoud, dos ingenieros residentes en San Francisco, cansados de ver cómo sus bicicletas eran robadas una y otra vez. No es casual que la idea haya brotado en las mentes de dos habitantes de una de las ciudades con más bicicletas del mundo. El ‘candado mofeta’ (ésa es la traducción de su nombre) es, en apariencia, un candado normal, con forma de U, pero puede ser el principio del fin para los continuados robos de bicis en muchas ciudades del mundo. 

Seguro para el usuario

SkunkLock solo dispara el gas cuando alguien intenta romperlo para llevarse la bicicleta, por lo que no hay peligro si se te cae al suelo o recibe un golpe involuntario. Tampoco el uso diario hace que pierda propiedades o que el gas tenga menos presión. Además de con la disuasión química que lo hace tan distinto al resto de candados conocidos hasta ahora, SkunkLock cuenta con una cerradura de acero y alta resistencia a la tracción, una barra de bloqueo de acero templado con dispositivo de retención y un mecanismo de cierre de alta seguridad. Otra de sus características es que no emplea electrónica, lo que hace que ningún elemento del dispositivo pueda ser desconectado y evita el deterioro que podría sufrir en el caso de estar expuesto a la humedad. 

60 segundos

Daniel Idzkowski, uno de los dos creadores de SkunkLock, recuerda que la mayoría de los candados de bicicleta son muy vulnerables, hasta el punto de que bastan menos de 60 segundos para abrirlos o, con las herramientas adecuadas, incluso seccionarlos. En San Francisco, al igual que en otras ciudades del mundo mundo, los ladrones profesionales llegan a nombrar las bicicletas por el número de segundos que hacen falta para burlar las medidas de seguridad que las protegen.

¿Funciona de verdad?

La empresa estadounidense que comercializa SkunkLock ha realizado pruebas a distancia con el candado, y los dos fundadores incluso han probado en varias ocasiones su propio invento. Y los resultados de estos test parecen darles la razón, porque a unos 60 centímetros de distancia, 9 de cada 10 presuntos ladrones terminaron vomitando. Pero no hace falta aproximarse tanto para notar sus efectos, porque a una distancia prudencial de 3 metros el desagradable olor ya es reconocible. El candado tiene la ventaja adicional de que, en instantes, genera una escena anómala en público, de tal forma que el ladrón deja de pasar desapercibido ante el resto de viandantes.

¿El gas es de uso legal?

En cuanto a su usabilidad del candado y al gas químico que emite, Idzkowski asegura que los componentes químicos que incluye, con los que se disuade a los ladrones, han superado diversos test de uso público con excelentes resultados, por lo que su utilización es legal en 50 estados de Estados Unidos. El gas, que tiene un efecto similar al que provoca el gas pimienta de defensa que se usa para repeler agresiones, también cumpliría con la normativa legal de los países integrantes de la Unión Europea.

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