El Tour de Francia 2018 contará con un recorrido de 3.329 kilómetros, trazado en el sentido de las agujas del reloj. El itinerario incluirá elementos que pondrán a prueba la destreza de los ciclistas: los vientos de la costa oeste, el temido pavé del norte y dos bloques de alta montaña en los Alpes y los Pirineos, donde se espera un final espectacular.
A diferencia de otros años, esta edición no contará con una contrarreloj individual para especialistas como Tom Dumoulin. En su lugar, la organización ha previsto una contrarreloj por equipos de 35 km en la tercera etapa y otra individual de 31 km, con cuatro cotas puntuables y sin un solo tramo llano, que se disputará en Ezpeleta, en el País Vasco francés, justo antes de la llegada a París. Esta jornada podría ser decisiva, aunque no se adapta al perfil clásico de un contrarrelojista puro.
Chris Froome, vigente tetracampeón, calificó esta edición como “el Tour más peligroso” que ha afrontado, debido al exigente perfil de los primeros días. La novena etapa, con 21 kilómetros de adoquines, pondrá a prueba tanto la técnica como la resistencia de los corredores, un tipo de terreno en el que la experiencia en competiciones de bicicletas de montaña puede marcar la diferencia.
Las etapas alpinas y pirenaicas concentrarán la mayor dureza del Tour. Se han programado seis jornadas de alta montaña, con 21 puertos categorizados. Destacan ascensiones míticas como La Madeleine, el Alpe d’Huez, el Tourmalet y el Aubisque, además del estreno del Col de Portet, ya apodado como el “nuevo Tourmalet”. Esta subida pirenaica, con 17 km al 8% de pendiente media y más de 2.200 metros de altitud, se perfila como uno de los retos más imponentes de esta edición.
La organización ha querido dinamizar la carrera con etapas más cortas y explosivas, como la jornada de solo 65 km, 40 de ellos en subida, diseñada para romper estrategias y favorecer ataques desde lejos. Una etapa que, por su formato, recuerda más a una competición de MTB que a las clásicas etapas largas del ciclismo en ruta.
Además de los retos montañosos, los corredores deberán superar tramos sin asfaltar como el Plateau des Glières, lo que añade un matiz técnico al recorrido. Estos segmentos, con superficie similar a los caminos usados en pruebas de bicicletas de montaña, exigen gran habilidad sobre la bici y una resistencia especial al terreno irregular.
Este año también se aplicará por primera vez la normativa UCI que reduce los equipos de 9 a 8 ciclistas, una medida que afectará tanto al desarrollo de la estrategia como a la capacidad de control del pelotón, y que ya se ha probado en otras grandes vueltas. La reducción del número de corredores por equipo favorece ataques imprevisibles y etapas menos controladas, algo que puede beneficiar tanto a escaladores como a ciclistas todoterreno.
La etapa reina de este Tour llegará con más de 5.000 metros de desnivel acumulado, finalizando en el legendario Alpe d’Huez tras superar la Croix de Fer y La Madeleine. Un desafío brutal, ideal para los ciclistas que entrenan con bicicletas de carretera en puertos de alta dificultad, pero también para aquellos que combinan su preparación con rutas exigentes en MTB, acostumbrados a los cambios bruscos de ritmo y desnivel.
El Tour concluirá el 29 de julio en los Campos Elíseos tras una edición que promete espectáculo, drama y emoción desde la primera jornada. Una carrera pensada no solo para escaladores y velocistas, sino también para corredores versátiles, muchos de ellos con experiencia tanto en carretera como en montaña, reflejo de un ciclismo moderno más completo y técnico.