La fractura de estrés de la tibia es una lesión común entre triatletas y ciclistas con una alta carga de entrenamientos, especialmente aquellos que combinan sesiones intensivas de carrera con largas rutas en bicicletas de carretera o exigentes recorridos en bicicletas de montaña.
Este tipo de fractura se presenta con un dolor difuso en la zona del tobillo, asociado al esfuerzo, que inicialmente desaparece con el reposo pero puede volverse persistente si no se diagnostica a tiempo. La tibia, con su característico eje en forma de "S", está diseñada para soportar cargas axiales, pero en su parte distal —a unos seis centímetros por encima del tobillo— es donde suelen producirse estas lesiones con mayor frecuencia.
Dado que los ciclistas y triatletas suelen alternar el entrenamiento de resistencia con el impacto de la carrera a pie, es importante identificar los síntomas a tiempo para evitar que la fractura evolucione. Un diagnóstico preciso, basado en la historia clínica y una exploración física adecuada, es clave para diferenciar esta lesión de otras patologías.
Si practicas ciclismo de montaña o ciclismo de carretera, es recomendable complementar tu entrenamiento con ejercicios de fortalecimiento y planificación de carga para prevenir el desgaste óseo y evitar este tipo de lesiones.
Causas de la fractura por estrés de tibia
La fracturas de estrés por fatiga se producen en un hueso sin alteraciones, a consecuencia de una carga excesiva (traumatismos de repetición o de una excesiva actividad muscular repetitiva), para la cual la estructura ósea no está preparada. Existen una serie de factores que predisponen a sufrir esta lesión:
- Sobreentrenamiento.
- Errores en la técnica de carrera.
- Alteraciones de la biomecánica de la carrera.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de estas fracturas está basado en la historia clínica y en la exploración física. Clínicamente el síntoma más importante es el dolor, que al comienzo es leve y difuso después del entrenamiento en la zona de la fractura, y que desaparece con el reposo. De no ser diagnosticado y tratado de forma precoz, persiste aún con el reposo e incapacita al triatleta para sus entrenamientos. Realizar un diagnóstico diferencial con sinovitis, tendinitis, tendinosis, o atrapamientos nerviosos mediante diagnóstico ecográfico resulta fundamental para escoger el tratamiento adecuado, ya que la fractura tiene un protocolo muy distinto. Para corroborar el diagnóstico, se pueden realizar las siguientes pruebas de imagen:
- Radiografía simple: donde los primeros cambios en el hueso (banda de esclerosis, línea de fractura, formación de hueso perióstico) aparecen a partir de la tercera semana del comienzo de los síntomas.
- Ganmagrafía ósea Tc99: la cual presenta un aumento de captación en la línea de fractura.
- TAC: muy útil para realizar diagnóstico diferencial.
- RMN: muy sensible y altamente específica.
Cómo tratar la fractura por estrés de tibia
El tratamiento es fundamentalmente conservador, sin ser necesarias las inmovilizaciones, pero con una modificación de la actividad durante 6-8 semanas. En su fase aguda es preciso evitar la carga en la pierna que tiene la fractura. También se recomienda utilizar fisioterapia convencional (magnetoterapia, drenaje de la inflamación, crioterapia, etc.), así como tratamiento farmacológico. En fase crónica el tratamiento requiere propiocepción y potenciación. La vuelta a los entrenamientos tras superar una fractura por estrés de tibia será de forma progresiva, realizando en primer lugar ejercicios en el agua, en descarga, e introduciendo la carga y el impacto poco a poco, bajo supervisión del readaptador físico y con revisiones periódicas por parte del fisioterapeuta o podólogo.