4 bicicletas míticas sin las que no se puede entender el ciclismo moderno

Bicicleta Colnago

Los amantes de los coches tienen el Ford T o el Volkswagen Beetle. Los de las motocicletas idolatran a la Vespa o a la Harley-Davidson. Iconos que van más allá de modas, con los que se identifican millones de personas en todo el mundo.

Pero… ¿Y en el ciclismo? ¿Cuáles son esos modelos que marcaron un antes y un después en la historia de este deporte? ¿Hay alguno identificado con alguna gran gesta ciclista y sin el cuál sería imposible entender el ciclismo actual?

Como en toda lista, habrá quien eche en falta algún modelo en concreto, o quien prefiera unas marcas sobre otras, pero lo que es seguro es que todas las bicicletas que integran este listado merecen un lugar propio en el olimpo ciclista.

1. La Bianchi de Fausto Coppi

Fausto Coppi gobernó con mano de hierro el ciclismo en la década de los años 50 del siglo pasado. Su historial es irrepetible, pero baste decir que se apuntó 5 Giros de Italia y 2 Tour de Francia, y que hasta él nadie se había apuntado el Tour y el Giro en el mismo año. A todo ello hay que sumar su Campeonato del Mundo de Ciclismo en Ruta.

El matrimonio entre la marca Bianchi y el italiano duró toda su carrera, no en vano firmó por el equipo del mismo nombre en 1949 y ya nunca cambiaría de modelo de bicicleta. Cuesta creerlo, pero entonces una bicicleta era útil durante varios años y se usaba para todo tipo de competiciones.

Bicicleta Bianchi Campione del Mondo
Bicicleta Bianchi Campione del Mondo (Imagen: Speedbicycles)

Si hay una Bianchi significativa en la carrera del piamontés, entre todas, fue aquella con la que se coronó en 1953, en Lugano (Italia), campeón del mundo de Ciclismo en Ruta. Fabricada en metal y madera, con dos enorme receptáculos en el manillar para albergar bidones, contaba con cambios en el cuadro y lucía trabajos artesanales en las ruedas, los pedales o el sillín.

2. La Colnago de 5,5 kilos de Eddy Merckx

Como si fuera consciente de que su nombre estaba llamado a aparecer en los libros de historia, Eddy Merckx, con apenas 20 años, ya aseguraba que uno de sus grandes retos profesionales era superar el récord de la hora.

Siete años después de ese anuncio, el 25 de octubre de 1972, lo lograba en el velódromo de Ciudad de México. El Caníbal usó un modelo de Colnago con ruedas de 28 radios, potencia de titanio y tubería de acero que en la báscula daba 5,5 kilos.

No hace falta decir que, en su día, esta bicicleta era un prodigio de la técnica por su aerodinámica y por su peso. A los aficionados al ciclismo le fascinó la ligereza de su cuadro.

El belga fue fiel a la marca italiana, al menos durante su etapa profesional más exitosa, pero ningún otro de los modelos que empleó hasta su retirada se hizo nunca tan popular. Fue, por cierto, una de las primeras ocasiones en las que se serigrafió el nombre de un ciclista en la propia bicicleta, en este caso en el tubo inferior del cuadro.

Bicicleta Colnago de Eddy Merckx
Bicicleta Colnago de Eddy Merckx (Imagen: Speedbicycles)

El récord de la hora de Merckx tuvo una vigencia de 12 años, hasta que lo superó el italiano Francesco Moser. Una curiosidad: si quieres ver la bicicleta, permanece expuesta en la estación de metro de Eddy Merckx de Bruselas.

3. La Bottecchia con acoples de Greg Lemond

El Tour de Francia de 1989 será para siempre aquél en el que Greg LeMond le arrebató el maillot amarillo y la victoria final a Laurent Fignon en la última etapa.

Una contrarreloj y una victoria que fue lo más parecido que en la ronda gala puede haber a una victoria por un gol en el último minuto de la prórroga o una canasta sobre la bocina.

Lo que hacía particular la bicicleta del estadounidense, una Bottecchia con ruedas Mavic (la trasera, lenticular) eran unas por entonces novedosas extensiones colocadas en el manillar. Los hoy populares acoples ayudaron a LeMond a remontar los 50 segundos que necesitaba e incluso a sacar 8 más al galo.

Esta bicicleta se puede ver de cerca en el Three Oaks Spokes Bicycle History Museum de Michigan (EEUU).

4. La Pinarello Espada de Miguel Indurain

Pinarello es uno de esos fabricantes que en sí mismo resumen el idilio entre Italia y el mundo del diseño de bicicletas. Sus modelos han sido utilizados por algunos de los ciclistas más legendarios desde 1953.

Pero en los años 1990 quiso ir un paso más allá y asociar su nombre, para siempre, al de la tecnología punta aplicada al mundo de las dos ruedas. Lo logró de la mano del gran Miguel Induráin, y de paso dejó grabada las formas de su creación en la retina de los incontables devotos del navarro.

Hablar de la Pinarello Espada es mencionar la bicicleta con la que Induráin instauró un nuevo Récord de la Hora el 2 de septiembre de 1994.

Espada

La fibra de carbono de su cuadro de una sola pieza se hizo tan célebre como sus dos ruedas lenticulares, la delantera menor que la trasera. Concebida por ingenieros de Fórmula 1, apenas superaba los 7 kilogramos en 200 gramos y estaba adaptada a las medidas antropométricas del ciclista navarro.

El manillar era de la marca ITM y las ruedas fueron fabricadas por Campagnolo. Una de las curiosidades acerca de ella es que su cuadro se fabricó a partir de moldes, y que la fabricación de cada uno superaba los 5.000 dólares en costes.

Tuvo una posterior versión para la carretera con la que Induráin siguió participando en el Tour. Los que quieran volver a ver este pedazo de historia del ciclismo pueden hacerlo en el Museo del Deporte de la Academia Rafa Nadal, en Manacor (Mallorca).

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José Ángel es periodista deportivo. Ha jugado al baloncesto y al waterpolo y ha dado bastantes pedaladas. La bicicleta que recuerda con más cariño es la GAC Motoretta 2 que tuvo con 8 años, pero con la que más ha disfrutado es con la Giant Stonebraker de su adolescencia.

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